martes, 20 de agosto de 2013

Entre colmillo y colmillo.

Devoro. No lo hago por placer, si no por supervivencia. Desde que tengo conciencia devoro a gente por que necesito, mejor dicho, me veo obligado a comérmelos por que me atrae su olor. Es tanta mi ansia que no puedo controlarla. Ojalá pudiera, créeme.
Muchos denominarían lo que tengo como vampírico pero yo tengo otro nombre que lo describe mejor: monstruo. Vivir en este cuerpo, con todas estas sensaciones no es nada fácil y desde luego nada que pueda gustar a nadie. Es asfixiante. No puedes controlarlo. Te terminas rindiendo y haciendo lo que te pide, como por ejemplo, beber la sangre del ser que más te atraiga.
Cada noche lo mismo. No duermo. Sólo me siento eufórico y me dan ganas de salir y matar. Me entra un hambre feroz que no calmo con nada, sólo con sangre. Entonces salgo y como siempre me ha sido fácil caerle bien a la gente me los llevo a un lugar apartado y me encargo personalmente de que no se escapen.
Es imposible que salga por el día, así que lo hago todo desde casa y me divierto por la noche, pero como lo bueno dura poco el tiempo me puso un obstáculo que hasta hoy, tres meses después no he podido superar.
Mi obstáculo se llama Lauren. La conocí una noche yendo de caza. Me fijé en ella por su melena de color negro azabache y sus ojos negros y penetrantes. No sólo eso me hizo quedarme embobado, también su olor, me atraía como no lo había hecho con ninguna, así que me acerqué he hice el ritual que hacía con todas mis presas. Mi sorpresa fue que al hablarle se me fue la noción del tiempo y descubrí que éramos iguales, bueno, al menos en lo que a aficiones se refiere. En mí se despertó un sentimiento que nunca, lo juro, nunca se había manifestado: el amor por otra persona. No fui capaz de comérmela a pesar de que me moría de ganas, pero las ganas de amarla ganaban por unos buenos tantos.
Pasaron dos semanas y quedábamos casi todas las noches, hasta que un día me dijo de quedar por la mañana.Mis evasivas funcionaron al principio pero luego empezó a sospechar. Como la amaba más que a mi propia vida le conté quién era en realidad y para mi asombro no salió corriendo y tampoco lo hizo cuando me convertí y saqué lo peor de mí.
Me aceptó, aunque parezca imposible.
Hoy, tres meses después me veo en la decisión más difícil que he tomado en toda mi vida. Me ha pedido que la haga como yo. Quiere que estemos juntos por siempre. ¿Seré tan egoísta como para convertirla y someterla a este agobio de vida o seré tan valiente de dejarla ir y que sea una persona normal?







Carecer.

Carezco de amor
y de pasión.
Carezco del perdón
y la rendición.
Carezco de piedad
y compasión.
Carezco de amabilidad
y satisfacción.

Me falta cariño
que no me han dado,
amor que un día
fue muy deseado.
Apoyo que fue necesario
y aún así,
negado.
Me faltan palabras dulces
si esperar nada a cambio,
sólo una sonrisa
y un buen abrazo.
Me falta un hombro donde llorar,
alguien con quien reír,
algo que no me haga sufrir.




No lo puedo callar.

No lo puedo callar,
ya no lo aguanto más.
No tengo fuerzas
para ir hacia atrás.

No lo puedo callar,
me siento mal,
un malestar general
que no me deja respirar.
Esto es asfixiante,
sofocante.

No lo puedo callar,
estoy al borde del abismo
y a punto de sacar
todo mi egoísmo.
No puedo seguir así,
esto no es vivir.

No lo puedo callar,
todo va mal
por mucho que lo intento mejorar.
Pasaré de todo
a ver si así se arregla,
haré una tregua.

No lo puedo callar
y al mundo le da igual.
Pasan de mí como si no existiera,
como si en la vida no estuviera
y eso me cabrea,
me enerva.

No lo puedo callar
por que por más que lo digo
menos me escuchan,
pasan de mí
y luego me toca sufrir,
¿por qué son así?







miércoles, 7 de agosto de 2013

Igual que...

Igual que la muerte duele
y la lluvia moja,
tu amor me ahoga,
me sofoca.

Igual que el cielo es azul
y las nubes blancas,
tu sonrisa me mata,
me desarma.

Igual que el hambre desmaya
y el sueño cansa,
tus palabras me consumen,
me atrapan.

Igual que los pájaros cantan
y los ancianos hablan,
tu voz me envuelve,
me encanta.

Igual que la tormenta se enfurece
y el mar ruge,
mi corazón se vuelve lento
y cruje.

Igual que los lamentos
y los malos momentos,
no dejo de amarte
y de verdad que lo siento.








No fingiré.

No entiendo tu actitud
y me duele.
Me prometiste cielo y tierra
y aquí me tienes,
tan abandonada
que ni mi cuerpo se sostiene.
A pesar de todo te quiero
pero no pienso sufrir,
no esperes que calle
y empiece a fingir.
Esa no es la vida
que tengo planeada para mí.
Aunque ahora me duela
y sufra como la que más
empezaré desde cero
y volveré a amar.



jueves, 1 de agosto de 2013

Aléjate de mí.

Aléjate de mí,
no quiero hacerte daño,
no quiero volver a ser el malo.

Aléjate de mí,
será lo mejor,
podrás encontrar a otro
que sea mejor que yo.

Aléjate de mí,
te lo digo por tu bien,
yo no puedo hacerte feliz.

Aléjate de mí
y aprende a sonreír,
a divertirte, a vivir.

Aléjate de mí
y olvídame,
no recuerdes que me amaste.

Aléjate de mí
y te pido perdón,
nunca fue mi intención.

Aléjate de mí
a pesar de lo que yo sienta,
da igual que pierda.








Noches desiertas.





















Noches desiertas sin tu amor,
sin tu pasión ni calor.
Noches desiertas sin tu olor,
ese que impregna cada rincón.
Noches desiertas sin tus caricias,
esas que hacen sentirme protegida.
Noches desiertas sin tus miradas,
tan claras como las aguas.
Noches desiertas sin tus palabras
que me hacen creer en cosas que creía enterradas.
Las noches están desiertas sin ti,
desiertas si no estás junto a mí.