martes, 20 de agosto de 2013

No lo puedo callar.

No lo puedo callar,
ya no lo aguanto más.
No tengo fuerzas
para ir hacia atrás.

No lo puedo callar,
me siento mal,
un malestar general
que no me deja respirar.
Esto es asfixiante,
sofocante.

No lo puedo callar,
estoy al borde del abismo
y a punto de sacar
todo mi egoísmo.
No puedo seguir así,
esto no es vivir.

No lo puedo callar,
todo va mal
por mucho que lo intento mejorar.
Pasaré de todo
a ver si así se arregla,
haré una tregua.

No lo puedo callar
y al mundo le da igual.
Pasan de mí como si no existiera,
como si en la vida no estuviera
y eso me cabrea,
me enerva.

No lo puedo callar
por que por más que lo digo
menos me escuchan,
pasan de mí
y luego me toca sufrir,
¿por qué son así?







miércoles, 7 de agosto de 2013

Igual que...

Igual que la muerte duele
y la lluvia moja,
tu amor me ahoga,
me sofoca.

Igual que el cielo es azul
y las nubes blancas,
tu sonrisa me mata,
me desarma.

Igual que el hambre desmaya
y el sueño cansa,
tus palabras me consumen,
me atrapan.

Igual que los pájaros cantan
y los ancianos hablan,
tu voz me envuelve,
me encanta.

Igual que la tormenta se enfurece
y el mar ruge,
mi corazón se vuelve lento
y cruje.

Igual que los lamentos
y los malos momentos,
no dejo de amarte
y de verdad que lo siento.








No fingiré.

No entiendo tu actitud
y me duele.
Me prometiste cielo y tierra
y aquí me tienes,
tan abandonada
que ni mi cuerpo se sostiene.
A pesar de todo te quiero
pero no pienso sufrir,
no esperes que calle
y empiece a fingir.
Esa no es la vida
que tengo planeada para mí.
Aunque ahora me duela
y sufra como la que más
empezaré desde cero
y volveré a amar.



jueves, 1 de agosto de 2013

Aléjate de mí.

Aléjate de mí,
no quiero hacerte daño,
no quiero volver a ser el malo.

Aléjate de mí,
será lo mejor,
podrás encontrar a otro
que sea mejor que yo.

Aléjate de mí,
te lo digo por tu bien,
yo no puedo hacerte feliz.

Aléjate de mí
y aprende a sonreír,
a divertirte, a vivir.

Aléjate de mí
y olvídame,
no recuerdes que me amaste.

Aléjate de mí
y te pido perdón,
nunca fue mi intención.

Aléjate de mí
a pesar de lo que yo sienta,
da igual que pierda.








Noches desiertas.





















Noches desiertas sin tu amor,
sin tu pasión ni calor.
Noches desiertas sin tu olor,
ese que impregna cada rincón.
Noches desiertas sin tus caricias,
esas que hacen sentirme protegida.
Noches desiertas sin tus miradas,
tan claras como las aguas.
Noches desiertas sin tus palabras
que me hacen creer en cosas que creía enterradas.
Las noches están desiertas sin ti,
desiertas si no estás junto a mí.






martes, 30 de julio de 2013

Amor empapelado.

Me dirigí hacia la biblioteca después de trabajar, como tantas otras tardes. Pensaba hacer lo de todos los días: Levantarme, ir al banco a trabajar, comer, volver al trabajo, al salir pasar por la biblioteca a coger un buen libro, pararme a tomar algo en el bar de la esquina y llegar a casa para hacer una deliciosa cena y cenar con la compañía de mis grandes y solitarios amigos: los libros.
Subí hasta la sección de misterio y cogí el que primero me llamó la atención. Bajé hasta el mostrador y me lo llevé a casa, por el camino fui pensando qué haría de cena.

Hoy a vuelto a venir. Esa chica tan guapa. Ojalá tuviera valor para decirle aunque sea hola, pero es verla y todos mis sentidos se desactivan. Realmente me gusta y por los libros que se lleva tiene un gusto exquisito. Le encanta la poesía, la psicología y el misterio, sin olvidar el amor trágico. Quiero engatusarla, pero no se me ocurre nada y cada vez que le hecho valentía y decido hablarle toda la fuerza me abandona, sale de mí a una velocidad vertiginosa. Puede que haga lo que llevo maquinando en mi interior durante un par de semanas. Le dejaré poemas, lo más bellos en la sección donde vaya a escoger un libro. Lo dejaré entre las páginas de alguno para que sobresalga y le llame la atención.

Nuevo día, nuevo libro, nuevo acompañante, nuevo viaje hacia otro mundo. La gente dice que si no me siento sola, que si no siento la necesidad de la compañía de otro ser humano y la verdad es que, la mayoría de las veces no. Me siento bien así, además, es difícil encontrar a alguien que se sienta o tenga las mismas aficiones que tú. Voy otra vez a la sección de misterio. Mis ojos se van posando en los títulos y encuentro una nota de color naranja que sobresale de un libro. Por pura curiosidad la cojo y empiezo a leer. Es un poema precioso, uno de mis favoritos. Sin pensármelo dos veces, quizá por instinto, me llevo el libro.

Se lo ha llevado. Mi plan está saliendo a la perfección. Mañana le pondré otro igual de hermoso y al final del poema su nombre, para que vea que no es casualidad y cuando reúna las fuerzas posibles y lleve varios poemas la citaré, quedaré con ella y le diré mi amor. Ojalá que ese día llegue pronto y que las fuerzas no me abandonen. Esta vez tiene que salir bien.

El libro a sido exquisito y aún sigo pensando quién copió ese poema. Tiene mis mismos gustos. Sé que me estoy obsesionando pero no puedo olvidarlo. Vuelvo a la sección de misterio y en el estante más bajo veo que sobresale otra nota, esta vez de color verde. Vuelvo a cogerla, muriendo de curiosidad por ver qué hay esta vez y es otro poema tan bello como el anterior. En la esquina veo que pone mi nombre y eso me descoloca. Sea quien sea que los escribe lo está haciendo para mí pero, ¿cómo sabe cuáles son mis poemas favoritos? Aquí nadie me conoce, si no de vista y no comento con nadie mis aficiones. Es extraño pero creo que sea quien sea pretende cortejarme. Siento una gran curiosidad por saber quién es.

Ha bajado extrañada pero con una sonrisa. Funciona, sí, no tengo duda alguna. Dos o tres notas más y llegó el momento de citarla. Espero que no me rechace. Es como mi alma gemela. Somos solitarios y con los mismos gustos. Es increíble.

Ya van cinco notas, todas con mi nombre, dirigidas a mí. Es alucinante. Por más que intento averiguar quién es no consigo nada. Me como la cabeza todos los días pensando en ese ser misterioso que me escribe y que con sólo un verso me hace enloquecer. Estoy deseando conocer a este hombre, no aguanto más.

Ha llegado el día. Le he dejado la nota, sólo espero que aparezca, que la lea y que vaya. La he citado en el parque, justo en el banco que está delante de la fuente a las siete de la tarde, cuando el Sol está desapareciendo y es precioso. He comprado flores y bombones, con uno de sus poemas, el que más le gusta, hasta me lo he aprendido.Estoy muy nervioso. Ahí está. Hoy está especialmente bella.

Me dirijo temblorosa hacia la sección rezando a Dios para que mi caballero andante me diga que quiere conocerme. Qué nervios. Veo que una nota lila sobresale. Mi color favorito. Leo la nota despacio, sin prisas y mis súplicas se han hecho realidad. Hemos quedado. A las siete, en el parque, en el banco que está justo delante de la fuente. Tengo que irme, debo prepararme para conocer a mi hombre, al hombre con el que estaré toda mi vida.

Son las seis y media y estoy listo. Nervioso pero listo. Tengo las flores, los bombones, el poema, el Sol me ayuda bastante, el sonido relajante del agua y el buen ambiente que hay en el parque. He llegado hasta aquí, lo que nunca había pensado, así que ahora o nunca. Menos cuarto y la veo acercarse. Es muy puntual. Me ha visto, se ha quedado parada. No le ha gustado. No le gusto.

Llevo mi mejor traje y he tardado dos horas en maquillarme. Son las menos cuarto.El cielo está impresionante, igual que el resto del paisaje. Estoy temblando, no me responden las piernas y cada paso es una eternidad. Diviso la fuente, me hago hacia la derecha para poder ver el banco.Veo un extremo, veo la mitad del banco y empiezo a ver unos zapatos negros, perfectamente arreglados. Un pantalón elegante, una chaqueta de smoquin, una camisa tan blanca como las mismas nubes y una pajarita muy bien colocada. Un ramo de rosas, una caja de bombones, una nota lila y...su cara, me suena. Es el bibliotecario. Nunca lo habría adivinado. Es guapo, alto, fuerte pero muy callado, muy reservado. Me acerco con una sonrisa, para nada estoy decepcionada, todo lo contrario. Me paro delante de él y me tiende la mano. Se la doy y con un suave pero fuerte movimiento de sus dedos la acerca a su boca y le da un beso, acto seguido me da las flores y los bombones. Leo la nota. Es mi poema favorito.











Verdades anónimas IV.

Querido Roger:
¿Qué tal te va todo? He decidido escribirte esta carta por que me parece una injusticia todo lo que has hecho en tu pasado y de lo que, aún hoy día, no te has hecho cargo. No has pagado por ello, no has pedido perdón,no has admitido nada...y eso no puede quedarse impune, por que jugar con las vidas de las personas no es nada bonito, amigo mío.
Te doy la oportunidad de que saques a la luz todo lo que has hecho antes de que lo haga yo. Sí, lo haré, así que lee atentamente: Si en un plazo máximo de dos días no has dicho la verdad las pruebas que te incriminan y esta misma carta irán a parar a las manos de las que un día fueron tus víctimas. Ellas se encargarán de que pagues por lo que has hecho. No lo han hecho por miedo, por tus amenazas...pero yo les protegeré y les ayudaré.
Empecemos a conocer a tus víctimas.
Víctima número uno:
Sophie. Tenía nueve años cuando la encontraste en el parque y a través de las golosinas te la llevaste a una zona alejada y la violaste, mientras que con tu cinturón la dejabas sin oxígeno. Por suerte, aflojaste antes de tiempo, se te había ido la mano.Le dijiste que como abriera la boca, su mamá moriría. Sophie sigue traumatizada, ya no habla, ya no duerme, ya no come.
Víctima número dos:
Steve. Parque de atracciones, quince años. Le viste indefenso y perdido, le dijiste que le llevarías con sus padres, pero no fue así. Le diste una gran paliza y cuando ya no pudo resistir más, también le violaste, te dio igual que fuera un chico. La amenaza tampoco faltó esta vez y tampoco ha dicho nada hasta hoy.
Víctima número tres:
Marie. La encontraste en una playa a rebosar de gente a la edad de cinco años. Le dijiste que tenías una casa llena de juguetes y la niña, ingenua como son todas a esa edad, se fue contigo.Es cierto que tenías una casa, más bien, una cabaña, donde la ataste y violaste sin piedad.
Víctima número cuatro:
Jean. Es el más grande de todas tus víctimas. Le encontraste en una fiesta en mitad del bosque con dieciséis años. Te llamó tanto la atención su desenvoltura que tuviste que ir a por él. Hasta ahora sólo habías ido a por personas indefensas, pero era hora de cambiar, ¿no? Le dijiste que tenías alcohol muy cerca de allí y que te acompañara, efectivamente, cuando volvió ya no era el mismo.
Víctima número cinco:
Helen. Tenía diez años cuando entró con su padre en el bar que frecuentabas. Impulsado por algo te acercaste a ella cuando su padre fue al servicio. Quizá fue su rebeldía, cómo le hablaba a su padre de aquella manera o sus curvas a tan temprana edad. Diciéndole que eras amigo de tu padre y que la había llevado allí para darle una sorpresa la pobre niña te siguió y te aprovechaste.
Víctima número seis:
Jake. Hijo de tus vecinos. Le pillaste cogiendo una pelota que se le había caído a tu jardín con cuatro años.Te enfadó tanto que decidiste darle una lección, así que, como te conocía le dijiste que entrara a comer galletas.Efectivamente, el único que calmó su ansia de comida fuiste tú.
Bueno, Roger, ya sabes lo que tienes que hacer. Hasta la próxima.